Periodista y autor de libros

HVM

Héctor Velis-Meza

CHILENISMOS CON HISTORIA

NUEVA EDICIÓN DE

 

“CHILENISMOS CON HISTORIA”

 

La nueva versión pasó de 128 a 204 páginas y

 

aumentó significativamente el número de palabras.

 

¿Por qué a los chilenos los reconocen fuera del país porque responden con la palabra altiro cuando les piden algo y en vez de si dicen ya? ¿De dónde las expresiones irse a la coche e’guaga, mojarse el potito, parar la olla, dar cancha, tiro y lado, mesa del pellejo, pagar en género y pago de Chile? ¿Es verdad que los verbos lorear, sapear y copetear fueron aceptados en el Diccionario de la Lengua Española? ¿Existió alguna vez un carabinero llamado Francisco al que le decían Paco? Algunas de estas inquietudes las responde el periodista Héctor Velis-Meza en su libro Chilenismos con Historias: versión recargada, que lleva ocho años en el mercado y alrededor de cincuenta mil ejemplares vendidos.

 

Las voces que aparecen en este libro -cuenta Velis-Meza- en su mayoría son las que más despiertan la curiosidad de la gente. “Son vocablos, frases y modismos de uso diario -agrega el periodista- que de tanto emplearse en las conversaciones diarias, nadie recuerda su origen o en qué circunstancias empezaron a utilizarse. La idea que está presente en este trabajo es la de definir, explicar, precisar pero sobre todo el de descubrir y contar la génesis de la mayoría de ellas”.

“Un chilenismo -precisa el autor del libro- es un vocablo, un giro idiomático o un modo de hablar propio de los chilenos. La edición del año 2001 del Diccionario de la Lengua Española -añade- registra aproximadamente 1.800 voces que se usan habitualmente en Chile. Por ejemplo, entre las palabras incorporadas al léxico aparecen, entre otras, condoro, aperrar, chorear, churrín, mariconera, piñufla y calilla. También figura el adverbio de tiempo altiro que es un vocablo característico del habla nacional y que sirve para que en el extranjero se identifique de inmediato a los chilenos”.

 

El que numerosos términos del lenguaje coloquial aparezcan en el léxico, explica Velis-Meza, no significa que se puedan utilizar libremente en cualquier conversación. “En las relaciones diarias existen niveles de comunicación que, por lo general, se respetan -precisa-. Por ejemplo, en el nivel formal no es apropiado emplear el verbo lorear, en vez de observar o el sustantivo gallada por grupo de personas. El diccionario, al incorporar nuevas locuciones, en muchas de ellas advierte algunas de sus singularidades. Es el caso del verbo sapear, que significa vigilar disimuladamente, pero que el léxico clasifica como una voz coloquial; es decir, que se debe usar en un ambiente de confianza”.

 

 Esta nueva edición aumentó sus páginas a 204 y se agregaron nuevas voces y frases, que actualizan su contenido.

Hèctor Velis-Meza.   |