Periodista y autor de libros

HVM

Héctor Velis-Meza

MALAS PALABRAS CON HISTORIA

LIBRO CUENTA LA HISTORIA DE LAS PEORES

PALABRAS DEL LENGUAJE DE LOS CHILENOS

 

  •     “Malas palabras con historia” se presentó en la  Feria Internacional
  •     del Libro de Santiago y de La Serena, 2010.

 

¿Cuáles son las palabras que emplean los chilenos para ofender y cuáles son las que producen irritación cuando se escuchan? El periodista Héctor Velis-Meza se dio el trabajo de buscarlas y el resultado se concretó en el libro “Malas palabras con historia”, que se presentó en la Feria Internacional del Libro de Santiago y, también, de La Serena, 2010.

 

Para el autor del volumen “las malas palabras no son solo las groserías, sino que todas aquellas que nos producen un inmenso desagrado cuando las oímos. Algunas de ellas nos incomodan, otras nos causan repugnancia, también están las que desencadenan en nosotros una ola de indignación, no faltan las que nos hacen sonrojarnos y, sobre todo, las que hieren nuestra sensibilidad y nos humillan. Las malas palabras no dejan indiferente a ninguna persona”, sentencia.

En la selección que ofrece este nuevo título de Velis-Meza, el número 26 de su producción, se encuentran malas palabras de todo tipo: aparecen las que ofenden, las que desagradan, las provocativas, las que perturban los sentidos, las que causan indignación, las que avergüenzan y encienden las mejillas, las que desatan la lujuria y las que lastiman la sensibilidad. “Estos sustantivos, verbos, adjetivos e interjecciones existen -explica el autor- están al alcance de nosotros, están registrados en los diccionarios, conviven al lado de los otros términos que utilizamos a diario. Estas voces adquieren su carga perturbadora conforme al entorno en que se insertan. A veces las evitamos, porque el ámbito social en que nos desenvolvemos las reprueba. En esos casos, se acude a los eufemismos, que son formas más delicadas y comedidas para decir lo mismo”. Por ejemplo, grafica el periodista, “…un gastroenterólogo jamás le va a preguntar a un paciente si caga bien después de comida, lo hará recatadamente consultándole si obra sin problemas”.

 

Para Velis-Meza la mala palabra, es la que quebranta agresivamente las reglas de la coexistencia social. “Es el vocablo -comenta- que inesperadamente se sale del libreto unánimemente aceptado y nos recuerda de manera imprevista aquello que no debería verse ni escucharse. Sabemos -agrega- que estos términos no se consideran buenos porque, en algunos casos, ofenden el pudor y, en otros, recuerdan las malas prácticas sociales. Son obscenas -de acuerdo a los estudiosos del lenguaje- porque nombran sin restricciones lo que jamás debería mencionarse en público o son inmorales, porque aluden a contravenciones de las buenas costumbres y vulneración de la legislación. Estas voces -asegura- poseen, además, un poder imaginativo: provocan en la mente la representación clara del órgano aludido, de una escena sexual o de una mala acción”.

 

Velis Meza sostiene convencido que “…las palabras, en sí, son inocentes, porque sus propósitos esenciales son la explicación y la comunicación. La carga positiva o negativa la adquieren de acuerdo al contexto en que se utilizan”.

 

La historia de este libro se inició en la segunda mitad de los años de 1990, cuando Velis-Meza participó en una serie de espacios radiales en los que contaba los orígenes de las groserías que más asiduamente se utilizan en Chile. Una vez que terminó el ciclo, la idea siguió rondando en la mente del periodista, pero sólo la llevó a la práctica cuando a fines del 2008 se le ocurrió preguntar en su blog cuáles eran las palabras que mayor molestia causaban a los chilenos. Inesperadamente recibió más de cien sugerencias, las que aumentaron cuando meses después formuló la misma consulta en Twitter. Luego los aportes aumentaron a través de sus amigos de Facebook y se sumaron a esta cruzada sus alumnos de Periodismo de la Universidad Central.

 

En principio se pensó en un volumen que se iba a limitar a contar la historia desconocida de las groserías más usadas en el país, pero numerosas personas incorporaran en sus listas de malas palabras voces como acosar, burocracia, chaquetear, cesantía, cogotear, coimero, colusión, delincuencia, pedofilia,  mediocridad y sobresueldos, entre otras. “Esto significó ampliar el registro porque también fue necesario incluir aquellas voces que nos provocan mucho fastidio cuando las escuchamos” anota Velis-Meza.

 

Estas inesperadas malas palabras, que el periodista no había considerado cuando concibió este título, en general son las que engendran irritación, rechazo y reprobación en la sociedad. Fue así como a esta categoría comenzaron a ser incorporados los vocablos relacionados con las prácticas sociales indebidas. El autor observa que “…un porcentaje muy alto de personas querían conocer, por ejemplo, el origen de voces como nepotismo, malversación, femicidio, corrupción y burocracia, porque aparecían frecuentemente en los medios de comunicación y siempre relacionadas con escándalos, deshonestidad, papeleo inútil e inmoralidades diversas. Estos términos empezaron lenta y sostenidamente a incomodar a la gente y cuando yo planteé la idea de ‘Malas palabras con historia’, de manera espontánea, todas las personas que se comunicaron conmigo me sugirieron este tipo de vocablos y yo averigüé de dónde venían”.

 

Héctor Velis-Meza, a modo de anécdota, cuenta que en las últimas semanas le han preguntado mucho por qué las malas palabras aparecen en los diccionarios. Mucha gente piensa que deberían eliminarse. El autor del libro responde que “si no existieran voces como culo, caca, pene y pedo, entre otras de esta naturaleza, no tendríamos cómo explicar estas partes de la anatomía y algunos de los fenómenos que se relacionan con esas zonas del cuerpo humano y animal. En consecuencia -concluye- el diccionario sólo cumple una labor informativa necesaria y somos nosotros los que le damos la connotación al lenguaje”.

 

“Malas palabras con historia” estuvo varias semanas entre los libros más vendidos en el país y numeroso público llegó a escuchar al autor a las ferias de libros de Santiago, Los Andes, Viña del Mar y Parque Forestal.

Hèctor Velis-Meza.   |